El silbato de Candela no suena

No sabe decir su nombre, y cuando mira su foto en las clases de estimulación pocas veces consigue ponerla en el recuadro donde se lee 'Papá'. Pero a eso de las nueve de la noche, cuando le entra el sueñecín, a Candela no hay quien le separe de los brazos de su padre. Arrebujada en su pecho se queda dormida en la cama de sus padres, que luego la llevan a la litera de su habitación, donde comparte espacio con otros tres hermanos, mayores que ella.

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