Los estudios de genotipado y la farmacogenética serán una rutina en tres o cinco años

   Se celebra en Tenerife un curso precongresual que ha abierto el 52 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria

   Ursula Palmar, Tenerife (3-10-2007).- Si bien la terapia génica ha cosechado casi todos sus frutos en la Oncología, el curso precongresual que ha abierto el 52 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria ha demostrado que la utilización de células madre mesenquimales derivadas de la grasa frente a las fístulas y para acelerar la cicatrización de los tejidos, así como el desarrollo de vectores lentivirales para el tratamiento genético de la anemia de Fanconi abren nuevas vías terapéuticas muy esperanzadoras. Tanto, que según Jaime del Barrio, director del Instituto Roche, “los estudios de genotipado y la farmacogenética serán una rutina en tres o cinco años”.


   Y no hay que temer por los costes. Porque los expertos estiman que en 2010 una prueba de genotipaje valga 100 dólares, mientras que en la actualidad supone unos 1.000 y hace menos de una década alcanzó la astronómica cifra de un millón de dólares. En cuanto a los tratamientos tumorales, la situación es similar: tratar un cáncer de mama en 2001 costaba 85.000 dólares al año, mientras que hoy los fármacos diana han elevado la cantidad a los 150.000 dólares. Y aún así, Carlos Cordón-Cardo, científico del Herbert Irving Comprehensive Cancer Center de la Universidad de Columbia (Nueva York), explica que “la terapia personalizada nos permitirá gastar menos si orientamos mejor los casos”. Es decir, “no podemos dar a todos los pacientes estos fármacos porque no van a responder. Es importante gastar este dinero, pero al principio del tratamiento y en los enfermos adecuados porque sino no ayudaremos a vivir al paciente ni a la sociedad”.


   Así, en esta línea encontramos que el uso de trastuzumab en cáncer de mama con amplificación del gen HER2 ha supuesto en el tratamiento de la enfermedad en estadios tempranos un éxito rotundo frente al que otorga la quimioterapia en solitario. En el caso de la leucemia mieloide crónica, el uso del imatinib contra la proteína bcr-abl ha implicado un cambio en la historia natural de la enfermedad. Y la identificación de polimorfismos genéticos que predisponen a una toxicidad muy grave con fármacos como los antineoplásicos, de estrecho o nulo margen terapéutico, también está ayudando a dosificar en función de la tolerancia individual del paciente; algo que ya es una realidad para fármacos como la mercaptopurina y, en EEUU, para irinotecan, warfarina o la codeína, han explicado los expertos.


   En los últimos años, con el conocimiento más preciso de la biología tumoral y de la genómica, se está asistiendo a una nueva era farmacoterapéutica donde los medicamentos dirigidos contra dianas biológicas son esenciales. “El uso de los anticuerpos monoclonales y las llamadas moléculas pequeñas ya es una realidad, pero la identificación de biomarcadores que nos predigan la respuesta los hará más útiles”, vaticinó la doctora María Jesús Lamas, farmacéutica del complejo hospitalario de Santiago de Compostela.

Los estudios se consolidan

   Prueba de este éxito son los ensayos presentados en el precongreso. Juan Antonio Buere, jefe de la división de Hematopoyesis del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) de Madrid explicó que en la actualidad trabajan para conocer si la diferenciación de las células madre puede originar tejidos nuevos o regenerar órganos. “Existen dos tipos de terapia génica: una ex vivo donde se reimplantan las células modificadas genéticamente y expuestas a un vector; y la terapia génica in vivo, con la que se introduce un retrovirus en el cuerpo”. Este modo de proceder ya ha obtenido resultados positivos, según expuso, frente a la anemia de Fanconi, una enfermedad en la que interviene la mutación de 13 genes distintos.


   Otro de los estudios más prometedores fue expuesto por el doctor Damián García Olmo, jefe de la sección de Cirugía General y Digestiva del Hospital La Paz de Madrid. Si bien este facultativo apuntó que la regeneración celular de órganos y funciones es hoy una utopía, sí apostó por la terapia celular. “Usar las células como medicamento es hoy una realidad”, espetó. En esta línea, presentó un trabajo de su grupo en el que prueba la utilidad de las células madre mesenquimales extraídas de la grasa humana para solucionar las fístulas anales que padecen los pacientes con un trastorno intestinal, concretamente, la enfermedad de Crohn.


   En la primera fase del ensayo estudiaron a cinco voluntarios, valoraron ocho fístulas y lograron que el 75 por ciento de ellas cerrara tras la cirugía con la sola implantación de las células mesenquimales en los puntos más conflictivos de cicatrización. Animados por los resultados, en una segunda fase de estudio propusieron al comité ético obviar la intervención, no extirpar la fístula sino sólo rasparla. Entonces participaron los hospitales La Paz, Gregorio Marañón y el 12 de Octubre. De esta forma se consiguió que el 70 por ciento de las fístulas cerraran sólo con el raspado y las células grasa. “Conseguimos cicatrizar sin extirpar”, resumió. Ahora están inmersos en un ensayo internacional fase III en el que se separa el estudio de las fístulas por la enfermedad de Crohn y las que no se asocian a esta enfermedad.


   En cuanto al sida, Vicente Soriano, jefe de sección del Servicio de Enfermedades Infecciosas del hospital Carlos III de Madrid, apostilló que las vías que se están estudiando para frenar la replicación del virus se centran en el desarrollo de proteínas trasportadoras de fármacos al interior celular, nuevas enzimas y receptores nucleares. Para ello utilizan la secuenciación del genotipo, el PCR a tiempo real y los microarrays o biochips, “todavía costosos y difíciles de interpretar”, señaló.


   Más obstáculos por superar. Tal y como coincidieron Carlos Cordón-Cardo y Jaime del Barrio, “el primer reto es aumentar la formación y potenciar la creación de nuevos bancos de ADN”. El doctor Cordón insistió también en la necesidad de aprender a coordinar los tratamientos multidisciplinares y la necesidad de constituir unidades oncológicas monográficas “donde los distintos especialistas puedan trabajar conjuntamente, se potencie el acceso a una buena formación y diagnóstico precoz de los tumores”.

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